Inmaculada Concepción de María

El dogma de la Inmaculada Concepción de María declara que ésta se vio preservada del pecado de Adán que persigue al hombre de generación en generación y, a su vez, que ella fue guardada de todo tipo de pecado personal (venial y mortal), guardando así una pureza incomparable a la de cualquier otro ser humano además de Cristo, desde luego. 

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX, en su bula Ineffabilis Deus, proclamó la definición dogmática de esta doctrina: 

«[…] Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho.»

La Inmaculada Concepción no se entiende —como muchos creen— en el sentido de que María fue guardada de toda imperfección que haya entrado al mundo como consecuencia del pecado. Ni el cansancio, dolor físico, tristeza, sentir hambre, sed y cualquier otro apetito sensitivo, son un derrotador del tercer dogma mariano, porque estas consecuencias del pecado no traen implicancias inmorales intrínsecas que puedan dañar la caridad del ser humano. Como menciona el teólogo católico Ludwig Ott: «María estaba sometida, igual que Cristo, a todos los efectos humanos universales que no encierran en sí imperfección moral»1. El mismo Jesucristo cargó con estas consecuencias del pecado original. Él mismo sufrió, y de manera terrible, los dolores que entraron al mundo por la desobediencia de Adán y, finalmente, padeció la muerte física. 

Brevísimo recuento histórico.

Como toda doctrina, la Inmaculada Concepción tuvo un importantísimo desarrollo histórico-teológico. Desde la época de San Ireneo ya se veía a María en analogía a Eva como una antítesis, donde la fe de María es pieza fundamental para que la remisión de los pecados que acarreamos por culpa de Eva llegue a efectuarse. Para algunos el paralelismo que hace Ireneo entre Eva y María nos brinda una interesante reflexión sobre el estado actual en el que se encontraba la Santa Virgen cuando recibió las palabras de Gabriel. Mientras que Eva acogía el mensaje de la serpiente con desobediencia, María acogía el mensaje evangelizador del Ángel con pureza y obediencia. 

Mirando a los padres de la Iglesia nos percatamos que poco a poco la santificación especial de María fue retrocediendo en la vida de la Virgen. Por ejemplo, San Efren el Sirio (306-373) declaraba de Cristo y de María: «Solo tú y tu Madre sois más hermosos que los demás, porque no hay mancha en ti ni mancha en tu Madre. ¿Quién de mis hijos puede compararse en belleza con estos?»2. El «Teólogo de la gracia», San Agustín de Hipona (354-430), comentaba que la piedad exige que consideremos a María exenta de pecado3; sin embargo, al mismo tiempo afirmaba que el único que nació sin pecado original fue Cristo, y no menciona a María. San Ambrosio de Milán (397) hace algo similar en su mariología, pues aunque menciona que el único que nació sin pecado fue Cristo, le atribuye una santificación especial a la Virgen María. Él dice que: «María, Virgen no sólo inmaculada, sino Virgen a la que la gracia ha hecho inviolable, libre de toda mancha de pecado»4. Pedro El Teólogo comentaba: «Y desde ese momento todos supieron que el cuerpo precioso e inmaculado había sido trasladado al paraíso»5

Es curioso que en las citas antes mencionadas no tomamos en cuenta a los Padres de la Iglesia del siglo I y II. Esto ha sido una especie de argumento que los protestantes han utilizado para decir que la Inmaculada Concepción es una doctrina innovadora que es ajena a la creencia conjunta de los Padres de la Iglesia. Sin embargo, además de no tomar en cuenta el modelo de desarrollo teológico que maneja la Iglesia Católica, esta objeción ignora que para discutir el tema de la concepción milagrosa de María primero tuvo que haberse discutido algo vital para entrar en materia: la doctrina del pecado original. En occidente, esta doctrina no empezó a tomar forma sino hasta el siglo IV con San Agustín. La idea de pecado original, es difícilmente encontrada antes que San Agustín, por lo que sería igualmente difícil encontrar un indicio de la inmaculada concepción en el siglo I y II. Los teólogos protestantes Kenneth J. Collins y Jerry Walls escriben que la afirmación de Roma sobre que «era costumbre entre los Padres» referirse a María como «Santa y libre de toda mancha de pecado» parece ser falsa a la luz de la evidencia de los Padres ante-nicenos. Ellos también escriben: «Orígenes puede referirse indirectamente a la sustancia de esta doctrina en sus Homilías , pero esto está lejos de ser evidencia suficiente para justificar la afirmación de que “era costumbre de los Padres” referirse a María en estos términos»6. Es difícil hacer una defensa de esta frase porque los autores no nos dicen de quién la escucharon en particular. Yo podría usar esta frase para referirme a las diversas declaraciones de los Padres de la Iglesia; también podría usarla en referencia a la evidencia que tenemos disponible de los discursos patrísticos en referencia a María, sin comprometerme necesariamente con los Padres ante-nicenos, donde se mencionaba muy poco a María. Yo optaría por esta segunda interpretación. Como menciona el apologista católico Trent Horn: 

Es importante tener en cuenta que la forma en que se desarrolla la doctrina en la historia de la Iglesia, a menudo hay un período inicial en el que una doctrina no está claramente formulada, y los autores ortodoxos tienen una variedad de opiniones al respecto. Sin embargo, con el tiempo, el Espíritu guía a la Iglesia a reconocer la verdad completa  (Jn  16,  13), en  cuyo punto algunas de  las opiniones anteriores se  reconocen como expresiones erróneas o inadecuadas de la verdad.7

Walls y Collins preguntan que «si esta doctrina especial con respecto a la concepción de María es tan evidente en los padres de la iglesia, entonces, ¿por qué la ortodoxia oriental la ha rechazado en general?8» Nunca he leído de algún apologista o teólogo católico prestigiado decir que la doctrina de la Inmaculada Concepción era «evidente en los Padres de la Iglesia». De hecho, la mayoría (por no decir todos) de ellos concuerdan en que dicha doctrina estuvo sujeta a un desarrollo largo y exhaustivo incluso hasta después de la era patrística (siglo XI-XII). El teólogo católico Stephen Shoemaker, el escritor de, quizá, la obra mariológica más completa respecto a la devoción a María en la Iglesia primitiva, menciona que no fue hasta el siglo IV que la idea de la impecabilidad de María se había generalizado entre los cristianos9. Si lo que acabo de decir es cierto, la pregunta de Walls y Collins pierden todo sentido.  

Examen bíblico de la Inmaculada Concepción.

El versículo más utilizado a favor de la Inmaculada Concepción es Lucas 1:28, donde aparece la salutación del Arcángel Gabriel a la Virgen María: «¡Salve, llena de gracia!» (Gr. χαιρε κεχαριτωμενη). En otras traducciones se lee como «¡Salve, muy favorecida!». Algunos protestantes se han sentido inconformes con la traducción «llena de gracia» respecto a la palabra kecharitomene en las biblias católicas. A decir verdad, kecharitomene es una palabra difícil de traducir ya que es casi inusual en los escritos griegos. 

Esta palabra griega la encontramos únicamente en Lucas 1:28 y en el deuterocanónico de Eclesiástico en la septuaginta griega. Esta palabra es un griego perfecto, pasivo y participio que puede traducirse como «haber sido agraciado». Sobre el tiempo perfecto el erudito en griego, Daniel B. Wallas, dice lo siguiente: 

El tiempo perfecto describe un evento que, habiendo sido completado en el pasado (hablando del indicativo), tiene resultados existentes en el presente (en relación con el tiempo cronológico del orador) […] se usa para indicar, no la acción pasada como tal, sino el presente “estado de las cosas” (la situación) como resultado de aquella acción pasada.10

Por esta razón es que los protestantes Friedrich Blass y Albert Debrunner dicen que «es  permisible, por  motivos gramaticales y lingüísticos griegos, parafrasear el kecharitomene como completamente, perfectamente, duramente dotado de gracia»11. Por otro lado el hecho de que kecharitomene esté en pasivo implica que la acción recae por un agente externo sobre el sujeto de la oración; es decir, la acción de «ser agraciado» recae sobre María por parte de Dios. Por estas razones es que la traducción «muy favorecida» es inexacta para transmitir el significado profundo de kecharitomene

Para algunos teólogos católicos, la palabra kecharitomene en el relato lucano parece sugerir que María tiene un nuevo nombre o título que, a su vez, expresa una cualidad mariana única. El Papa Juan Pablo II lo expresó de la siguiente manera: 

¿Qué pueden significar esas extraordinarias palabras, y en particular la expresión «llena de gracia» [kecharitomene]? […] Porque el mensajero saluda a María como «llena de gracia»; la llama así como si fuera su verdadero nombre. No la llama por su verdadero nombre terrenal: Miryam [= María], sino por este nuevo nombre: «llena de gracia». ¿Qué significa este nuevo nombre? El contexto evangélico, que mezcla revelaciones y antiguas promesas, nos permite comprender que entre todas las «bendiciones espirituales en Cristo» ésta es una «bendición» especial […] el saludo y el nombre «llena de gracia» […] en el contexto del anuncio del ángel [«llena de gracia»] se refiere en primer lugar a la elección de María como Madre del Hijo de Dios.  Pero al mismo tiempo la «plenitud de gracia» indica toda la munificencia sobrenatural de la que se beneficia María al ser elegida y destinada a ser la Madre de Cristo.13

La palabra griega para «salve», χαῖρε, iba típicamente antecedida a un nombre o título de a quien iba dirigido el saludo. Así en Mateo 26:49 Judas saludaba a Jesús llamándole «¡Salve, Rabí! [Gr. χαῖρε, ῥαββεί·]» y en el evangelio de Juan los verdugos le llaman «¡Salve, el rey de los judíos! [Gr. χαῖρε, ὁ βασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων·]». Parece que la misma sintaxis aplicaría al saludo de Gabriel a María, donde «llena de gracia» o «kecharitomene» vendría a sustituir el nombre de María. Esto es de vital importancia para entender la impecabilidad mariana. Cuando Dios le daba a un siervo un nuevo nombre —no necesariamente desapareciendo el anterior— éste manifestaba una cualidad particular de la persona. Buen ejemplo sería el caso de Simón cuando el Señor cambia su nombre a Pedro (Cfr. Marcos 3:16) lo que más tarde cobraría significancia pues él sería la roca sobre la que se edificaría la Iglesia de Cristo (Cfr. Mt. 16:16-18)14. En el caso de María, como ya vimos anteriormente, designaría un estado particular que, gracias a Dios, ella pudo tener. Siguiendo a Blass y Debrunner podemos decir que el nuevo nombre de María designaba que ella estaba perfectamente dotada de gracia. 

¿Pero qué revela este pasaje sobre la Inmaculada Concepción?, ¿qué relación hay entre la llenura de gracia y el hecho de que María nunca haya cometido pecado? Personalmente no creo que este texto sea suficiente para definir el dogma de la Inmaculada Concepción; sin embargo, algunos eruditos han pensado lo contrario. El propio Martín Lutero entendía el término kecharitomene de la siguiente manera: 

[María] está llena de gracia, proclamada como totalmente sin pecado […] La gracia de Dios la llena de todo lo bueno y la despoja de todo lo malo […] Dios está con ella, lo que significa que todo lo que hizo o dejó de hacer es divino y la acción de Dios en ella. Además, Dios la protegió de todo lo que pudiera perjudicarla.15

Como el griego implica una perfección de gracia, esta perfección debió extenderse durante toda la vida de María y no solamente a un instante de la misma. Karl Keating lo comentó de la siguiente manera: 

Una perfección debe ser perfecta no solo intensamente, sino extensivamente. La gracia de la que disfrutó María no sólo debe haber sido tan «plena» o fuerte o completa como sea posible en un momento dado, sino que debe haberse extendido a toda su vida, desde la concepción. Es decir, debe haber estado en un estado de gracia santificante desde el primer momento de su existencia para haber sido llamada “llena de gracia” o haber sido colmada del favor divino de manera singular.16

Algunos dicen que este término no tiene un significado especial que implique la completa santidad del sujeto. Para ello citan Efesios 1:6 donde dice: «[…] para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado». Sin embargo aquí no aparece el término kecharitomene sino la palabra echaristosen; además, el término está en tiempo aoristo, mientras que en Lucas 1:28 charitoo se utiliza en tiempo pasado perfecto (kecharitomene). El tiempo aoristo, a diferencia del tiempo perfecto, indica que una acción se hizo en el pasado pero no se especifica si dicha acción ya fue completada. Mientras que el tiempo perfecto indica que la acción pasada ya fue completada. Para ilustrar de mejor manera esta diferencia tomaré prestado el ejemplo del apologista católico Trent Horn: si yo digo que «amé a mi esposa por veinte años», esta frase tiene dos posibles interpretaciones: que la sigo amando o que ya no la amo. Pero si yo dijera que «he amado a mi esposa durante veinte años» se sobreentiende que todavía la sigo amando. Este sería un ejemplo del tiempo perfecto, mientras que el primer ejemplo sería el caso del tiempo aoristo. 

Por otro lado el apologista anticatólico, James R. White, comenta que «ninguna fuente léxica que hayamos encontrado da como significado de charitoo»impecabilidad»»17. Pero ese simplemente no es el argumento católico. Siguiendo el razonamiento de White puedo decir que yo tampoco he escuchado o leído a algún teólogo católico decir que charitoo significa impecabilidad. Lo que he leído y/o escuchado es que implica impecabilidad cuando está acompañado del prefijo «κε» y «μένη» que convierte la palabra en un participio pasivo. Hay una diferencia grande entre el significado y la implicación de dicho significado. 

Otra objeción que se presenta es que si el título «llena de gracia» implica la inmaculada concepción de María, entonces Eclesiástico 18:17 habla de la existencia de hombres inmaculados. En cuestión el texto dice: «¿No ves que la palabra es más que un buen presente? Pues el hombre dadivoso [κεχαριτωμένῳ] une los dos.» Sin embargo, debemos ser cuidadosos al interpretar este texto de la biblia de una forma literal. Lo que aquí encontramos no es una narración de un hecho histórico, como en Lucas 1:28, sino un proverbio que expresa la cualidad engrandecedora de un grupo particular de personas que practicaban la caridad. En el caso de Lucas el término kecharitomene se utiliza como un descriptor en dirección personal de María. Muchos protestantes están de acuerdo en que construir doctrina con base a textos proverbiales, de sabiduría y poéticos es un error precisamente por la naturaleza de estos, ya que tienen alto contenido hiperbólico. Por ejemplo, en Eclesiastés, que es un libro aceptado como inspirado tanto para católicos y protestantes, encontramos una diversidad de declaraciones sobre las cuales no podríamos construir doctrina simplemente basándonos en el uso literal de las palabras del autor. En Eclesiastés 3:19-20 el autor parece negar que haya vida después de la muerte. Esto parecería corroborarse en 9:5 donde aparentemente se cree en que no hay consciencia de los muertos después de la muerte, lo que es contrario a las enseñanzas novotestamentarias de Apocalipsis 5 y 6:10; así como parece contradecir lo relatado en 1 Samuel 28:3-25, donde Saúl se comunica con Samuel ya fallecido. Desde luego habría contradicción si interpretamos estos textos de Eclesiastés ignorando el género literario del libro y otros factores hermenéuticos importantes. 

Otros han encontrado dos citas de Clemente de Alejandría, en el texto griego, donde utiliza la misma palabra kecharitomene para hacer dos tipos de descripciones. La primera la encontramos en Los Stromata: «La redacción de estos memorandos míos, lo sé bien, es débil en comparación con ese espíritu, lleno de gracia [κεχαριτωμένῳ], que tuve el privilegio de escuchar»18. Y la segunda se encuentra en El Pedagogo: «Pero aparta tus ojos de la mujer agraciada , y no contemples la hermosura de otro, dice la Escritura»19. Sin embargo, el problema con citar a Clemente como referencia para reducir al absurdo el significado que los católicos dan a kecharitomene fracasa por ignorar completamente el contexto linguistico que utiliza Clemente. 

En el primer ejemplo Clemente habla de un espíritu que es lleno de gracia. Si bien Los Stromata no tiene un enfoque proverbial o poético, como en el caso de Eclesiástico, sí se ve reflejado en este pasaje que Clemente está utilizando un lenguaje un tanto poético. Note que Clemente, para empezar, no habla de una persona como tal sino de un espíritu. Él dice que escuchó a un espíritu lleno de gracia; este espíritu es seguramente el kerygma apostólico que recibió por transmisión oral; por lo tanto, debería entenderse que está haciendo uso de la metáfora y que el kecharitomene es empleado para describir la dicha de tal espíritu, no para hablar de una llenura de gracia que Dios le concedió al tal. 
El segundo ejemplo, por otra parte, ni siquiera llegan a ser palabras propias de Clemente sino que es una citación del deuterocanónico Eclesiástico. El texto se encuentra en el capítulo 9 versículo 8. Sin embargo, el texto griego de Eclesiástico no usa el kecharitomene en otro lugar salvo en 18:17, por lo que Clemente no está haciendo una citación literal del versículo. De hecho, la Biblia de Jerusalén no traduce la palabra griega encontrada como «agraciada» sino como «hermosa», esta es una traducción correcta porque el contexto del pasaje trata sobre la belleza de una mujer. 

María como antitipo del Arca de la Alianza

Como ya he abordado esto en otro artículo, pero en forma de refutación, en esta ocasión simplemente haré una exposición de la tipología que muchos teólogos católicos han visto en la persona de María con el Arca de la Antigua Alianza. Más en concreto se ve que hay un paralelismo narrativo entre el relato lucano y 2 Samuel 6; especulando así, y con buenas razones, que San Lucas escribió así a propósito visionando a María como el Arca de la Nueva Alianza. Para hacer más breve esto ilustraré la comparativa en la siguiente tabla: 

Arca de la AlianzaMaría: Arca de la Nueva Alianza
El arca viajó a la casa de Obed-edom en la región
montañosa de Judea (2 Sam. 6: 1-11).
María viajó a la casa de Isabel y Zacarías en la región
montañosa de Judea (Lucas 1:39).
Vestido de sacerdote, David bailó y saltó frente al
arca (2 Sam. 6:14).
Juan el Bautista, de linaje sacerdotal, saltó en el
vientre de su madre cuando María se acercó
(Lucas 1:41).
David pregunta: «¿Cómo puede venir a mí el arca
del Señor?» (2 Sam. 6: 9).
Isabel pregunta: «¿Por qué se me concede esto,
que la madre de mi Señor venga a mí?» 
(Lucas 1:43).
David grita en presencia del arca (2 Sam. 6:15).Isabel «exclamó con gran clamor» en presencia de
María (Lucas 1:42).
El arca permaneció en la casa de Obed-edom
durante tres meses (2 Sam. 6:11).
María permaneció en la casa de Isabel durante
tres meses (Lucas 1:56).
La casa de Obed-edom fue bendecida por la
presencia del arca (2 Sam. 6:11).
La palabra bendito se usa tres veces; seguramente
la casa fue bendecida por Dios (Lucas 1: 39-45).
El arca regresa a su hogar y termina en
Jerusalén, donde la presencia y la gloria
de Dios se revelan en el templo (2 Sam. 6:12;
1 Reyes 8: 9-11).
María regresa a casa y finalmente termina en
Jerusalén, donde presenta a Dios encarnado
en el templo (Lucas 1:56; 2: 21-22).
[Por razones prácticas la tabla ha sido tomada de Catholic Answers]

¿Cuáles son las implicaciones entonces? El arca del Antiguo Testamento no sólo era especialmente sagrada, sino que Dios mismo la diseñó. Estaba hecha de los materiales más puros, inmaculados desde el momento de su construcción. Los cristianos, desde los tiempos más antiguos, han visto en este tipo de arca a la Madre de Dios sin pecado. Por ejemplo, San Atanasio la llamaba el «arca de santificación»20; San Efrén el sirio la llamó «esa arca» en la que «se encontró un libro que gritaba y proclamaba al Conquistador»21; mientras que el padre latino, San Jerónimo, hace una de las declaraciones más acertadas al respecto:

He aquí una en verdad, la sierva del Señor. Santa es, en quien no hay engaño. […] La esposa de Cristo es el arca de la alianza, por dentro y por fuera recubierta de oro, guardiana de la ley del Señor. Como en el arca no había más que las tablas del Testamento, así también en ti no se debe pensar en nadie de fuera. Sobre este propiciatorio, como sobre los Querubines, se complace en sentarse el Señor. […] El Apóstol define así a la virgen, que debe ser santa en cuerpo y en espíritu.22

Podríamos abordar algunas objeciones a este paralelismo, sin embargo hay mucho más que decir al respecto y me parece que es tema para otro artículo más extenso.

Dos dificultades a resolver 

La preservación (preservatio) del pecado original tiene una inexión directa con la teología occidental de la orientación antropológica anclada en la teología de la gracia y más en específico: con la doctrina del pecado original. Partiendo de esto debemos resolver dos grandes dificultades que han angustiado a un considerable número de teólogos católicos desde la edad media hasta el presente. 

  1. ¿Cómo podemos decir que María fue preservada de toda mancha del pecado original y de la impecabilidad personal común del ser humano, sin poner en juego la universalidad y necesidad de la gracia redentora de Jesucristo para todos los seres humanos sin excepción? 
  2. ¿Cómo se concilia esta doctrina con la transmisión del pecado original, a través de la concupiscencia desordenada, a consecuencia de la cual entran todos los hombres en la caro peccati (cf. Rom. 8:3)?

Sobre lo primero muchos apologistas católicos han puesto la analogía del hombre y el pozo. Hay dos maneras distintas de salvar a un hombre de un pozo: i) rescatándolo una vez el hombre haya caído en el pozo ii) o bien rescatándolo evitando que caiga en el pozo. La analogía es simple: todos los hombres cayeron bajo el dominio del pecado original pero fueron salvados por la redención de Cristo de esa caída. En el caso de María, es como el hombre que es rescatado antes de caer al pozo; es decir, María es salvada por Cristo antes de caer en pecado. El apologista católico, Tim Staples, lo expresa de la siguiente manera: 

En el orden de la gracia, Jesús es el inaugurador, la fuente; de hecho, Jesucristo es la Nueva Alianza. Pero en el orden del tiempo, como la gracia de Cristo se comunica realmente al mundo —»la economía salvífica de la revelación de Dios»—, María fue la primera persona humana que experimentó la redención de Cristo en su persona. Esta gracia, la gracia de la Nueva Alianza, se encarnó en María antes de la Encarnación -desde el momento de su concepción- y se perfeccionó en ella mediante su declaración de fe y obediencia.23

El hecho de cómo María fue prerredimida parece ser un misterio y aunque puede inferirse naturalmente de lo antes expuesto, para muchos no resultaría satisfactorio si no hay una prueba explícita en las Escrituras. El escritor medieval Duns Escoto decía que ante la duda debíamos atribuir a María lo más elevado siempre y cuando no fuera en contra de las Escrituras y del Magisterio de la Iglesia. Entre el siglo XIII y XIV, Escoto junto a Guillermo de Ware decían que si bien María precisaba de la redención de Cristo (y que de hecho fue redimida por Él), tal remisión se dio en ella de una manera extraordinaria. Mientras que los hombres fueron liberados del pecado, ella, María, fue preservada del mismo. 

Por otro lado, la segunda cuestión traería complejidades solamente en una teoría agustina del pecado original. Desde este punto de vista, Agustín decía que Cristo careció de pecado actual y que sólo asumió la similitudo carnis peccati (cf. Rom. 8:3) porque su generación no fue natural (es decir, por medio del acto conyugal) sino por medio de un acto sobrenatural activo de Dios. Por lo tanto, al haber sido María concebida por generación natural, San Agustín pensaba, aunque no lo expresó directamente, que la Virgen María sí contrajo el pecado original pero que no estuvo sujeta a las inclinaciones diabólicas del pecado actual (concupiscencia). 

…la santa Virgen María, de quien no deseo plantear ninguna duda cuando toca el tema de los pecados , por honor al Señor; porque de Él sabemos qué abundancia de gracia para vencer el pecado en cada detalle le fue conferida a la que tuvo el mérito de concebir y dar a luz a Aquel que indudablemente no tuvo pecado.24

Sin embargo, aunque dicha hipótesis agustina fue predominante por bastante tiempo, la cual no hablaba de la completa libertad mariana del pecado, fue hasta la época de San Anselmo de Canterbury y su discípulo Eadmero en que se desarrolló una nueva solución respecto de la libertad de María del pecado. Ellos postulaban «que la esencia del pecado original consiste en la ausencia de la gracia sobrenatural y que su elemento material está constituido por las consecuencias del pecado»25 y de esta manera se podría hablar de la inexistencia o existencia del pecado original en el caso de la generación natural o sobrenatural.  

¿Pasajes conflictivos para la Inmaculada Concepción? 

El escritor James G. McCarthy, quien ha enfocado todo su trabajo en «convertir a católicos romanos a la luz del evangelio», hace una recopilación de textos que supuestamente atentan contra el dogma de la Inmaculada Concepción de María:  

La Biblia enseña que el único que alguna vez nació sin pecado en este mundo fue el Señor Jesucristo (2 Co. 5:21; 1 Pe. 2:22; 1 Jn. 3:5). Las Escrituras no dan lugar a ni una otra excepción: «Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque» (Ec. 7:20). Los ángeles en el cielo adoran al Señor proclamando: «… pues sólo tú eres santo…» (Ap. 15:4). El Señor Jesús dijo: «Ninguno hay bueno sino sólo Dios» (Lc. 18:19). Pablo escribió: «por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Rm. 3:23).26

La Biblia no dice por ninguna parte que Jesucristo fue el único que nació sin pecado. En estricto 2 Co. 5:21 dice que Cristo no cometió [Gr. γνόντα] pecado, lo que implica que se está hablando de pecados personales. Lo mismo sucede en 1 Pedro 2:22, mientras que 1 Juan 3:5 se entiende que habla de que en Cristo no hay pecado personal en él por lo dicho en el verso 4. Ahora, no quiero que me confundan, ¡efectivamente Cristo fue, es y será enteramente libre de pecado original! Sin embargo es necesario precisar la lectura superficial que McCarthy hizo de estos pasajes y cómo pretende usarlos para hablar contra la Inmaculada Concepción. McCarthy usa el término «único» para decir que solamente Jesús nació sin pecado, pero ninguno de los pasajes que cita emplea esta palabra y tampoco implican la interpretación que se pretende, por lo que el sr. McCarthy está pensando más allá de lo que dicen los textos. 

Por otro lado cita el libro de Eclesiastés 7:20 para afirmar que no hay ningún justo sobre la tierra y ni uno que jamás peque; pero esto no quiere decir que no haya excepciones. Si somos estrictos con el pasaje ese juicio llegaría hasta el propio Jesucristo. Sí, era Dios, pero también era hombre; sin embargo, nuestra fe nos dicta que fue impecable en todos los sentidos. Este texto tampoco alcanzaría a los párvulos que todavía no tienen consciencia ya que ellos no pecan aunque son naturalmente pecadores por la privación de la gracia santificante que había sido dada a la naturaleza humana pero que perdimos por el pecado adánico. 
También cita Apocalipsis 15:4 donde se declara a Dios como el único santo. A diferenciade los otros textos aquí sí se habla de una unicidad de Dios, pero este texto no excluye de por sí a personas que puedan ser santas además de Dios ya que el mismo Yahvé declara: «santifíquense y sean santos, pues yo soy santo» (Levítico 11:44). Parecería inverosímil que Dios nos pidiera algo que únicamente pertenece a Él, por lo que Apocalipsis 15:4 debería significar algo más de lo que McCarthy supone. La diferencia radical entre el ser humano y Dios es que nosotros participamos de su santidad mientras que Dios es esencialmente santo. Dios es incontaminable de pecado en virtud de sí mismo, mientras que María, la Virgen Inmaculada, fue impecable en virtud de los méritos de Cristo y del poder de Dios. Similar respuesta podríamos dar de Lucas 18:19. 

Por último tenemos uno de los pasajes más citados por los objetores de la Inmaculada Concepción de María: Romanos 3:23, «por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios». En este texto lo que Pablo quiere enfatizar es la igualdad de condiciones entre los judíos y griegos. El versículo 22 tiene una cláusula que le da sentido al verso 23: «pues no hay diferencia». En efecto, no hay diferencia, todos pecaron. Esta última es la expresión igualatoria a todos los hombres. «Todos pecaron» por tanto «no hay diferencia» porque como hombres todos pecamos. ¿No incluiría esto también a María la judía? No realmente. De nuevo hay excepciones a la regla (así como en Ec. 5:20) y una de ellas es Jesucristo y los millones de párvulos que jamás pecaron. El texto evidentemente habla de los pecados cometidos, es decir, de la culpa personal (cf. Rm. 3:10-14). Nada en el contexto nos indica que se habla del pecado original o la concupiscencia (que no es realmente un pecado) que los seres humanos comparten.

Pero aguarden, McCarthy tiene otra objeción interesante. Él dice: «El hecho de que María murió es prueba suficiente de que estaba sujeta a la pena total del pecado.»27 Lo primero que hay que decir es que no tenemos registros bíblicos de que María haya muerto —pero vamos, tampoco de que haya sido «arrebatada» antes de su muerte—, hay una tradición muy antigua que habla de la asunción de María al cielo, pero la asunción no implica que ella haya muerto o no. Pero para darle parcialmente la razón al sr. McCarthy supongamos que fue así, que María murió, ¿podría eso poner en jaque a la doctrina de la Inmaculada Concepción? Desde luego no. Para empezar esta argumentación es contraproducente con la fe de McCarthy. Anteriormente dijo que el único sin nacer con pecado fue Cristo; por otro lado, acá nos dice que la muerte es una prueba de la sujeción a la totalidad del pecado, pero, ¿se acordará McCarthy de que Cristo también murió?, ¿estaría sujeto a la totalidad del pecado nuestro Señor? Está bien, Cristo resucitó, pero para resucitar hay que morir. Por lo tanto está la posibilidad de que si María fue Inmaculada (que creo que lo fue) pudo morir como su hijo, ya sea por elección propia y de Dios, como han pensado algunos teólogos. Sin embargo creo que para abordar esta cuestión primero debería discutirse si María fue o no libre del pecado original y no viceversa, a menos que McCarthy tenga una contundente evidencia de que María, en efecto, murió. 

¿Era necesario que María fuera concebida sin pecado original?

Un bloguero ortodoxo escribe: 

La enseñanza de que la Madre de Dios fue preservada del pecado original, así como la enseñanza de que fue preservada por la gracia de Dios de los pecados de la persona, hace a Dios despiadado e injusto ; porque si Dios pudo preservar a María del pecado y purificarla antes de su nacimiento, ¿por qué no purifica a otros hombres antes de su nacimiento, sino que los deja en pecado? De la misma manera, Dios salva a los hombres aparte de su voluntad, predeterminando a algunos antes de su nacimiento para la salvación.28

Me sorprende la hostilidad con la que se trata al cuarto dogma mariano, pero eso es consecuencia de no entender la concepción católica del mismo. Dios no preservó a María del pecado original por un mero capricho arbitrario. El catecismo de la Iglesia Católica dice: «En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios»29. Este es un argumento inquietante que no me meteré a defender. Prácticamente se cree que el pecado original priva a las criaturas de su completa libertad, pero para que María pudiera dar su pleno asentimiento a la solicitud de Dios para que prestare su vientre y dignidad como tabernáculo del Salvador, se necesitaba que María fuera perfectamente libre, cosa que impide el pecado30. Este es un argumento desde la necesidad de la incorruptibilidad de María. Pero hay otra explicación que no habla de la necesidad sino de lo apropiado que sería que María fuera libre de pecado: porque 1) es digno del Salvador que tomara su existencia humana de una carne libre de pecado (eso justificaría, creo, la impecabilidad de María) y 2) porque es digno del Salvador que honrara a su madre de una manera más perfecta de la que la honran los hombres, es decir, preservándola de todo tipo de pecado, incluso del original (eso justificaría, de nuevo creo, su concepción inmaculada). Sobre lo primero Tim Staples escribe: 

¿Qué quiere decir la Iglesia con adecuación, o desde el beneplácito divino? Piénselo de esta manera: si el presidente de los Estados Unidos viniera a su ciudad natal, no sería una necesidad estricta que hubiera cámaras de televisión, un desfile, dignatarios, agentes del servicio secreto, etc. cualquiera de los acompañamientos normales. Él es completamente capaz de hacerlo. Sin embargo, no sería apropiado (y en su caso, podría ser peligroso). Cuando el presidente llega a una ciudad en visita oficial, esperamos ver una gran tarea pendiente. ¿Por qué? Por la dignidad de su cargo.31

Cristo pudo haber habitado —durante su desarrollo biológico prenatal— en una mujer llena de pecado, inclusive, pero no sería propio de él hacerlo. Además, tampoco parecería ser propio de Cristo el dejar que su madre, a quien el cuarto mandamiento pide que honremos, sea dominada por los lazos diabólicos del pecado. Todo esto, piensan algunos escritores católicos, rebajaría en sumo la dignidad del Salvador. Las conclusiones las dejo a sus criterios. 

Ahora bien, alguien podría objetar que esto implicaría que la madre de María, Santa Ana, tuviera que estar libre de pecado por la dignidad de la Madre de Dios, y así sucesivamente con toda la genealogía de María. También podría plantearse que, bajo el razonamiento anterior, el mundo entero debería estar libre de pecado para que Cristo habitara con nosotros de manera digna. Pero estas equivalencias son equivocadas. Primero, porque la relación de Santa Ana con María es diametralmente distinta de la que tenía Cristo con María. Santa Ana no llevó a Dios en su vientre mientras que María sí. En segundo lugar, la relación íntima de Cristo con María es muy estrecha a diferencia de la relación que Cristo tenía con el mundo, es decir, con los otros seres humanos. El pecado original no es algo con lo que se tiene relación a través del tacto o el intercambio de palabras, como si fuera una gripe, sino que éste se transfiere por engendramiento, por la toma de existencia humana del cuerpo de la madre. Si bien Cristo tenía la capacidad de nacer sin pecado incluso tomando su existencia humana de una carne corrupta, era apropiado, como ya dijimos, que lo hiciera de una inmaculada. 

Conclusión

Hemos abordado un gran número de objeciones en contra de este dogma mariano. Hemos visto que es una creencia consistente con las Escrituras y que, además, tiene el apoyo de los Padres de la Iglesia (al menos de manera sustancial). En este artículo me propuse hacer la defensa mariológica —respecto de la Inmaculada Concepción— más completa en español. Sé y reconozco que hay muy buenos artículos al respecto, pero creo que muchas veces terminan siendo muy repetitivos y los autores se molestan poco o nada en renovar sus argumentos y confrontar los nuevos desafíos. Para nada desestimo su trabajo pero creo que es la obligación de un apologista el estar al tanto y al frente de toda nueva dificultad que se nos presente. 

Creo que esta doctrina es una creencia razonable y que los no católicos deberían perderle el miedo, o al menos dejar muchos prejuicios de lado para analizarla detalladamente. Muchos al escuchar sobre alguna doctrina mariana lo hacen de manera efímera; no se detienen a reflexionar sobre las implicancias de rechazar una verdad cristiana, por más insignificante que les parezca. Pienso que la razón por la que se toma con tan poca seriedad los dogmas marianos no es porque la defensa teológica de estos sea esteril, poco persuasiva, sino porque los ven con insignificancia; después de todo lo único que importa para ser salvo es sostener las doctrinas cardinales de la fe cristiana, ¿no es así? Eso parece ser tema para otro artículo. 

REFERENCIAS. 

[1] Ott L. (1957). Manual de Teología Dogmática, Barcelona, ed. Herder, p. 319.

[2] San Efren, Himnos Nisibene, 27:8. 

[3] San Agustín de Hipona, De la naturaleza y la gracia, 42. 

[4] San Ambrosio de Milán, Comentario al Salmo 118: 22-30.  

[5] Pedro el Teólogo, La Caída del sueño de María.

[6] Kenneth J. Collins & Jerry L. Walls (2017). Roman but not Catholic: What Remains at Stake 500 Years after the Reformation. Washington, DC. ed. BakerAcademic. Chapter 16: Mary Again. 

[7] Trent Horn (2017). The Case for Catholicism: Answers to Classic and Contemporary Protestant Objections. San Francisco. ed. Ignatius Press. Chapter 16: The Conception Inmaculate and Bodily Assumption.

[8] Kenneth J. Collins & Jerry L. Walls (2017). Roman but not Catholic: What Remains at Stake 500 Years after the Reformation. Washington, DC. ed. BakerAcademic. Chapter 16: Mary Again.

[9] Stephen J. Shoemaker (2016). Mary in Early Christian Faith and Devotion. Estados Unidos. ed. Yale University Press. Chapter 3: Mother of the great cherub of light: Mary’s book of repose.

[10] Citado de James R. White (1998). Mary, another redeemer? Minnesota. ed. Bethany House Publishers. Chapter 4: Conception Inmaculate.

[11] Daniel Wallas & Daniel Steffen (2015). Gramática Griega: Sintaxis del Nuevo Testamento. 2da Edición. Florida. ed. Vida.  pp. 421-2 

[12] Blass & Debrunner (1961). Greek grammar of the New Testament and other early Christian literature. Chicago. ed. Chicago University Press. 166.

[13] Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 8.1, 8.3, 8.5, 9.1.

[14] La interpretación de Pedro como la Roca sobre la que se edificaría la Iglesia es una exégesis altamente aceptada incluso entre los académicos protestantes. Para testimonio de esto: dar click aquí para una recopilación de 40 citas de teólogos protestantes a favor de la exégesis antes mencionada.  https://sanjudastadeomilagros.wordpress.com/2017/07/18/mateo-1618-masiva-recopilacion/

[15] Martín Lutero, Oraciones Personales.

[16] Karl Keating (1998). Catholicism and Fundamentalism: The Attack on “Romanism” by “Bible Christians”. San Francisco. ed. Ignatius Press. Chapter 22: Marian beliefs. 

[17] White, R. (1998). A Biblical Basis for the “Immaculate Conception”?

[18] Clemente de Alejandría, Stromata. L. I, C. I.

[19] Clemente de Alejandría, El Pedagogo. L. III, c. XI.

[20] San Atanasio, Orat. In Deip. Annuntiat, nn. 13, 14.

[21] San Efrén, On the Nativity.

[22] San Jerónimo, carta XXII, Ad Eustoch. nn. 18, 19, 21, 24, 38.

[23] Staples, T. (2014). Behold your Mother: A Biblical and Historical Defense of the Marian Doctrines. Estados Unidos: Catholic Answers Press. p. 64.

[24] San Agustín, On Nature and Grace, XLII. [Traducción propia al español desde newadvent.com].

[25] Muller, G. (2009) Dogmática: Teoría y práctica de la teología. Barcelona: Herder. p. 507. 

[26] McCarthy, J. (1996). El Evangelio según Roma: Una Comparación de la Tradición Católica con la Palabra de Dios. Estados Unidos: Portavoz. p. 160. 

[27] Ibíd. 

[28] An Orthodox Christian Understand of the Immaculate Conception.

[29] CIC. 490.

[30] Creo que esto nos llevaría a aceptar algunos absurdos. Por ejemplo, uno podría decir, como bien señalaba el filósofo protestante Van Kuiken, que los profetas necesitaron ser inmaculados para dar su completo asentimiento a distintas cuestiones encontradas en el A.T., como el embarazo de Sarah, por poner un ejemplo más o menos similar al de María. Ya que el embarazo de Sarah tenía un propósito específico como el de María. 

[31] Staples, T. (2014). Behold your Mother: A Biblical and Historical Defense of the Marian Doctrines. Estados Unidos: Catholic Answers Press. pp. 95-6. 

Un comentario sobre “Inmaculada Concepción de María

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s